PARROQUIA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

PADRES TEATINOS
Cnel. Bogado y Los Ceibos - Boulogne, San Isidro

Capilla Nuestra Señora de la Pureza (Bacacay 630)
Capilla Cristo Obrero (Aráoz y Guayaquil)
Capilla Medalla Milagrosa (Barrio Ombú)

HORARIOS DE MISAS

PARROQUIA SAGRADO CORAZON

martes a viernes a las 18 hs.

sabados a las 19 hs

domingos a las 8 hs-11hs-19hs



CAPILLA CRISTO OBRERO

sabados 17:30 hs



CAPILLA PUREZA

viernes 8 hs.

domingos 9:30 hs

8/8/09

Domingo 19°... La Palabra. 9 de agosto ' 09

La libertad nos llama desde el cielo

Todo empezó con Jesús invitando a la gente a comer, haciéndoles partícipes de un banquete y saciando su hambre. ¿Podía criticar alguien a Jesús por eso? Nada de eso. Todos se sintieron contentos. Los que comieron porque tenían el estómago lleno. Y los que mantenían al pueblo en la pobreza, los que lo oprimían, porque habían encontrado a uno que satisfacía las necesidades del pueblo, que en principio no daba problemas. Se sentían contentos porque la gente cuando tiene hambre puede llegar a sentir rabia, puede llegar a darse cuenta de la injusticia a la que está sometida y puede intentar protestar. Eso nunca es bueno porque altera el orden social, el orden legalmente establecido. Pero la cosa no terminó ahí. Los estómagos saciados querían más. El hambre es una necesidad que no se sacia definitivamente nunca. El estómago se vacía y quiere volver a saciarse. Por eso la gente siguió a Jesús. Querían más. Pero Jesús, en lugar de alimentarlos, los provoca. Tienen que buscar el pan que da la verdadera vida. No basta con el pan material. Es necesario el pan de la fraternidad, de la justicia. Y en ese momento los poderosos, los guardianes del orden social, de la ley establecida por ellos mismos y para su provecho, se comenzaron a poner nerviosos. Aquel Jesús era mucho más peligroso de lo que aparecía a primera vista.
Los malos de la película.
Esa es la razón por la que aparecen en el Evangelio de Juan unos personajes nuevos: los judíos. ¿No eran judíos todos los que seguían a Jesús y Jesús mismo? Ciertamente, pero Juan en su Evangelio personifica bajo ese nombre a los malos de la película, a los que se oponen a Jesús y su mensaje. Los judíos son los que no pueden creer que Jesús sea el “pan bajado del cielo”, el que lleva a los hombres y mujeres por caminos nuevos de libertad, de justicia y fraternidad. Ni desean que existan esos caminos –todo debe ser como ellos dicen que siempre ha sido, como ellos dicen que dice la tradición, como ellos dicen que dice la ley– ni creen que puedan existir. Ellos conocen a Jesús, conocen a su familia, a su padre, a su madre. No es posible que haya nada “bajado del cielo” en ese origen. Y en ningún caso puede venir del cielo un mensaje como el de Jesús que promete vida, libertad, justicia, que promete la salvación para todos. Pero Jesús insiste. Él es el mensajero y el mensaje del Padre. Él es el pan que da la verdadera vida. Él trae la vida al mundo. Como el ángel del Señor alimentó a Elías en su camino al Horeb, Jesús se hace alimento para que lleguemos a nuestra propia plenitud, que es la mejor forma de dar gloria a Dios.
El “salto” de la fe y el testimonio.
El choque es inevitable. Jesús y los “judíos” se mueven a niveles diferentes. Jesús invita a los que le siguen a crecer, a levantarse, a ser libres, a vivir. Los “judíos” no quieren moverse de donde están. Y piensan que Dios lo quiere así. No hay posibilidad de encuentro. Sólo sería posible dando el salto de la fe. O cayéndose del caballo, como Pablo. Al final, sólo cabe el testimonio limpio de los que viven en el nuevo orden de cosas instaurado por Jesús, de los que se han levantado y han comenzado su personal camino hacia el Horeb, hacia el encuentro con el Dios de la libertad y de la justicia, del amor y de la paz. Ahí se entienden fácilmente los consejos de Pablo en la segunda lectura. Los que siguen a Jesús no viven amargados sino que están dominados por la bondad, la comprensión, la paciencia. Irradian a su alrededor el buen olor de Cristo y hacen de su vida una eucaristía. Comulgan el cuerpo de Cristo y lo reparten transformado en vida, en amor, en compromiso por la justicia, a todos los que se encuentran en su camino. Y, de paso, se cambia lo que haya que cambiar. Porque Dios no quiere que se conserve el orden establecido sino que hombres y mujeres, todos los hombres y mujeres, vivan y vivan en libertad y en plenitud.


Fernando Torres Pérez, cmf(ciudadredonda.org)

1/8/09

Domingo 18°... La Palabra. 1 de agosto ' 09

SER CRISTIANOS: UNA NOVEDAD

La gente necesita a Jesús y lo busca. Hay algo en él que los atrae, pero todavía no saben exactamente por qué lo buscan ni para qué. Según el evangelista, muchos lo hacen porque el día anterior les ha distribuido pan para saciar su hambre.Jesús comienza a conversar con ellos. Hay cosas que conviene aclarar desde el principio. El pan material es muy importante.
Él mismo les ha enseñado a pedir a Dios «el pan de cada día» para todos. Pero el ser humano necesita algo más. Jesús quiere ofrecerles un alimento que puede saciar para siempre su hambre de vida.
La gente intuye que Jesús les está abriendo un horizonte nuevo, pero no saben qué hacer, ni por dónde empezar. El evangelista resume sus interrogantes con estas palabras: « y ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere? ». Hay en ellos un deseo sincero de acertar. Quieren trabajar en lo que Dios quiere, pero, acostumbrados a pensarlo todo desde la Ley, preguntan a Jesús qué obras, prácticas y observancias nuevas tienen que tener en cuenta.
La respuesta de Jesús toca el corazón del cristianismo: «la obra (¡en singular!) que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado». Dios sólo quiere que crean en Jesucristo pues es el gran regalo que él ha enviado al mundo. Ésta es la nueva exigencia. En esto han de trabajar. Lo demás es secundario.
Después de veinte siglos de cristianismo, ¿no necesitamos descubrir de nuevo que toda la fuerza y la originalidad de la Iglesia está en creer en Jesucristo y seguirlo? ¿No necesitamos pasar de la actitud de adeptos de una religión de “creencias” y de “prácticas” a vivir como discípulos de Jesús?
La fe cristiana no consiste primordialmente en ir cumpliendo correctamente un código de prácticas y observancias nuevas, superiores a las del antiguo testamento. No. La identidad cristiana está en aprender a vivir un estilo de vida que nace de la relación viva y confiada en Jesús el Cristo. Nos vamos haciendo cristianos en la medida en que aprendemos a pensar, sentir, amar, trabajar, sufrir y vivir como Jesús.
Ser cristiano exige hoy una experiencia de Jesús y una identificación con su proyecto que no se requería hace unos años para ser un buen practicante. Para subsistir en medio de la sociedad laica, las comunidades cristianas necesitan cuidar más que nunca la adhesión y el contacto vital con Jesús el Cristo.

José Antonio Pagola (redescristianas.org)

25/7/09

Domingo 17°... La Palabra. 26 de julio ' 09

Esta gente necesita comer...

El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer .
Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo.

Se necesita algo más que dinero.
Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan,aunque sólo sea «cinco panes de cebada y un par de peces».
La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si solo sabemos comprar? ¿quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿se producirá algún día ese “milagro” de la solidaridad real entre todos?
Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.
Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús.



José Antonio Pagla (redescristianas.org)

18/7/09

Domingo 16°... La Palabra. 19 de julio ' 09

¿DESCANSAR UN POCO?

Los discípulos, enviados por Jesús para anunciar su Evangelio, vuelven entusiasmados. Les falta tiempo para contar a su Maestro todo lo que han hecho y enseñado. Al parecer, Jesús quiere escucharlos con calma y los invita a retirarse «ellos solos a un sitio tranquilo a descansar un poco ».
La gente les estropea todo su plan. De todas las aldeas corren a buscarlos. Ya no es posible aquella reunión tranquila que había proyectado Jesús a solas con sus discípulos más cercanos. Para cuando llegan al lugar, la muchedumbre lo ha invadido todo. ¿Cómo reaccionará Jesús?El evangelista describe con detalle su actitud. A Jesús nunca le estorba la gente. Fija su mirada en la multitud. Sabe mirar, no sólo a las personas concretas y cercanas, sino también a esa masa de gente formada por hombres y mujeres sin voz, sin rostro y sin importancia especial. Enseguida se despierta en él la compasión. No lo puede evitar. «Le dio lástima de ellos ». Los lleva todos muy dentro de su corazón.
Nunca los abandonará. Los «ve como ovejas sin pastor »: gentes sin guías para descubrir el camino, sin profetas para escuchar la voz de Dios. Por eso, «se puso a enseñarles con calma», dedicándoles tiempo y atención para alimentarlos con su Palabra curadora.Un día tendremos que revisar ante Jesús, nuestro único Señor, cómo miramos y tratamos a esas muchedumbres que se nos están marchando poco a poco de la Iglesia, tal vez porque no escuchan entre nosotros su Evangelio y porque ya no les dicen nada nuestros discursos, comunicados y declaraciones.
Personas sencillas y buenas a las que estamos decepcionando porque no ven en nosotros la compasión de Jesús. Creyentes que no saben a quién acudir ni qué caminos seguir para encontrarse con un Dios más humano que el que perciben entre nosotros. Cristianos que se callan porque saben que su palabra no será tenida en cuenta por nadie importante en la Iglesia.Un día el rostro de esta Iglesia cambiará. Aprenderá a actuar con más compasión; se olvidará de sus propios discursos y se pondrá a escuchar el sufrimiento de la gente. Jesús tiene fuerza para transformar nuestros corazones y renovar nuestras comunidades.

José Antonio Pagola (redescristianas.net)